El casamiento de los maiz
- Se casaron el maicito y la maicita. Después de la celebración nupcial emprendieron su luna de miel. Ya en su habitación de hotel la maicita no
ocultaba su nerviosismo. Cuando el maicito trató de aligerarle la ropa, ella se mostró pudorosa y recatada.
-Yo misma me desnudaré -le pidió a su maridito-;
tú por favor entra en el baño.
Así no me sentiré tan cohibida.
A regañadientes el maicito aceptó, pero puso una condición: ella tendría que contarle, paso a paso, toda la acción.
El esposito, pues, entró en el baño y cerró la puerta.
Empezó la maicita:
-Ya me quité la blusa…
ya me quité la falda….
ya no tengo medias…
ahorita me estoy quitando lo más íntimo….
Si al principio el maicito hacía exclamaciones
del estilo: ¡ohhh… ahhhh…. ¡uffff!…. ¡híjole!”,
de pronto su vocecita comenzó a menguar hasta que se hizo el silencio.
-Ahora sí que ya no tengo nadita de nada, maicito esposo mío, ya puedes salir- lo urgió la maicita.
Pero no pasó nada.
Coquetona, la maicita se echó encima la sábana y fue a abrir la puerta del cuarto de baño.
Y sí, ahí estaba su adorado maicito…
convertido en palomitas de maiz.